lunes, 18 de marzo de 2019

El sino de la escritura en la obra poética de Juan Manuel Ramírez Palomares


En la publicación Obra reunida, 1976-2016. Poesía, acerca de la poética de Juan Manuel Ramírez Palomares, a cargo de Ediciones La Rana; se ha pretendido acopiar el trabajo literario en torno a la obra de este autor nacido en León, Gto.,  (18 de marzo de 1957). Lugar del que emigró en plena adolescencia a la ciudad vecina de Celaya en la que actualmente radica. Mil caminos andados  y otras tantas miles de palabras, nos permite acercarnos a la concepción de la imagen que le ha atrapado y exigido, como el mismo cita: He venido al papel para dar cuenta de mis actos, para hacer público mi vicio de vivir, mi oficio [..] Extranjero en mi ciudad, desde los ojos intento traducir los hechos de la gente que puebla espacios y actitudes.” [1] (P. 31).



Así pues nos concede y pasa la estafeta de este sino que lo agobia: la escritura. Porque creo y dudo -¿de qué?- perduro en la letra como una mariposa hipnotizada por la luz, y quiero hundirme más en ella con obsesión de amante, con la sinrazón del adicto. Antes develada en su obra, en los versos publicados en La pesadumbre el olor de la fruta (Op. Cit. p.99 - 1988) ya nos advertía:

                La escritura
                es madre que asesina
                amante infiel
                dura arpía
                mágico organismo
    en que se vive entero
    donde palpita un ritmo
    de alas secretas
    donde un bosque
    crece

En la antesala creativa, este poema manifiesta un interior que desborda para con los otros que habitamos el mismo mundo, escribir conlleva la responsabilidad del texto como un hijo muerto. Ese organismo que pulsa en lo interior, el momento mágico de la evocación a través de los artilugios de la retórica.  El poema aparece, entonces como eje de dos corrientes ontogénéticas complementarias: hacia adentro (en su basamento textual) y hacia afuera, hacia su fundamento histórico, comunitario…[2] por eso la necesidad comunicativa de lo que vivencia el yo. El poema encarna un modo peculiar de existencia. El ser poético viene dado por un proceso entre cuyos momentos resaltan los de mayor carga creativa; la confección intencional del texto poético y la realización situacional y condicionada del poema. (Landa, p. 63)

Heredero de una lengua, manifiesta de forma temprana la contemplación del entorno que habita y esta será una constante a lo largo de su producción. Escritor y poeta se sitúa a la vista de sí y de los demás como un ente en desamparo.

            El poeta es
esa creatura que no probó la luz
que deja el frac para mejores ocasiones
que fornica con las palabras
que se lava las manos con el sudor de su frente
[…]
el poeta
dicen las señoras del mercado
es un dejado de la mano de Dios [3]

El derrotero que es vivir, obliga el presagio fatal, así pues su poesía arrastra al pensamiento íntimo, a la soledad del escribiente ante la perspectiva de la finitud. Nos observamos cotidiano  y el reflejo de lo que habitamos y somos la larga la agonía de la vida misma. ¿Cómo autodefinimos  aquello que no elegimos, que es el cuerpo mismo no elegido, el tiempo y el instante  que nos carcome y enclaustra? Las voces se repiten y tintinean en lo profundo y explota en un grito de autodefinición:

Tatuajes en el aire
para escribir existo y soy
para dormir estoy soñando
para soñar escribo y vivo [4]

… no es que me haya dado
por renegar de este traje lujoso de la vida
La disfruto también como un perfume
como un trozo de queso y un buen vino…[5]

Se apropia de las voces de esta lengua en heredad. De forma sencilla, sin tropos innecesarios. Puntual en el decir, la imagen fabricada en el oficio, orfebre meticuloso.

Yo que hablo de memoria
y luego cuento la longitud de las palabras
que tomo distancia entre la voz y el verbo
no auguro nada.
Nada recuerdo
Nada sé.
Deseo todo y soy la bruma de la voz:
un eco. [6]

Juan Manuel es el acompañante de la soledad, de la ausencia obligada. Expresará en su poética a lo largo del tiempo la condición de hallarse ante sí, sin otros a las espaldas. En encuentro sin vestiduras, desnuda en palabras el alma que nos posee. Y sabedor de ser para uno, el mismo que nos habla en el interior. Autoreconocerse, ante la imagen falsa del espejo y la mirada íntima. La poesía es resultado de un proceso consciente, aun al llevarlo al límite. Pero a veces no puedes ser muy escéptico, y debes aceptar que hay una voluntad que te lleva por un camino. […] la adquisición de un lenguaje, el azar de haber nacido en un espacio geográfico…[7] ¿es esto destino? Busca tercamente la luz que nos permita aclarar la imagen que nos autoconstruimos.

La historia del día
es la luz
la sombra
el sonido
y los seres que la lloran… [8]

En su poética, que aunque variada en temas y propuestas situacionales, permanece él. Juan Manuel, el de ayer, el de hoy. Aprueba ser el mismo que se habita. Ahora un poco más lleno de polvo:

El hombre
que vuelve
es un poco
el mismo que partió
lleva más polvo
otras cosas en sus ojos
cuerpos de mujer y de vasijas
historias de tierras diferentes
y un gusto más cercano
por la selva
un amor indescifrable
por los astros
por las caras de otros hombres
por sus pasos
Ese hombre que vuelve
ahora está huyendo
no quiere mira más
por eso  olvida [9]

¿Escribir es un sino o una elección?  En torno a la obra reunida de Juan Manuel, observo meticulosamente esta atadura, ¿en qué momento preciso tejieron estos hilos su urdimbre? Ya en palabras  del mismo autor nos acerca a una causal, primero fue lector, y ante las imposibilidades del mundo comenzó a escribir: ya en la secundaria, cuando empecé con mi larga lista de amores imposibles, tuve los suficientes motivos para empezar a escribir. Después como alumno de Herminio Martínez en la preparatoria, se acercó asiduamente a la lectura y al saber que otros jóvenes de su edad escribían, como es el caso de Eugenio Mancera, se lanzó a esta tarea.
Hoy fruto de esta terquedad, de este oficio, rinde cuentas ante una madre que mata de a poco, día con día ante el papel. El que nos ve y se ve a través de la luz y del espejo:

Frente al espejo
miro lo que hay detrás
papeles viejos
girasoles y luz
un rumor de alas perdidas mi sombra que mancha con su vaho [10]



[1] Ramírez Palomares, Juan Manuel, Obra reunida, 1976-2016. Poesía, Ediciones la Rana, Col. Autores de Gto., 2018
[2] Landa, Josu, Poética, Fondo de Cultura Económica, México , 2002. Pág. 62
[3] Op. Cit. Pág.42. De otro fue la palabra, 1979.
[4] Op. Cit. Pág. 63, El cuerpo a la luz, 1985.
[5] Op. Cit. Pág. 151, La pesadumbre el olor de la fruta, 1988.
[6] Op. Cit. Pág. 183, Aire en vendaval, 1991.
[7] Op. Cit. Pág. 23.
[8] Op. Cit. Pág. 295, Historia del día, 2002.
[9] Op. Cit. Pág. 113, La pesadumbre el olor de la fruta, 1988.
[10] Op. Cit. Pág. 387, Azogue, 2009

domingo, 6 de mayo de 2018

La gente habla por el ojo de la llave. Variaciones acerca de la poética de José Vicente Anaya



Aunque en palabras del mismo José Vicente Anaya, el movimiento infrarealista solo vivió tres años, y que la disolución obligada tuvo causa en diversas situaciones de viajes, cambio de residencia y otros motivos dispersos de sus miembros, su poética ha sobrevivido. Aquel  grupo que reunió a veinte escritores no considerados en una literatura oficialista, y con tres manifiestos acuñados, producirá para la literatura mexicana una obra de sobra importante.

Partiré en la consideración de que la lengua que usamos tiene parte de su origen en el latín y que usar el prefijo infra, supone que aquello a lo cual nos relacionamos está por debajo de… Así, tener una visión por debajo de la realidad evoca una postura en la cual solo se ve hacia arriba, se toca el fondo, el poso, lo subterráneo. A partir de esta postura no queda más que la elevación, sublimarse hacia la altura, el viaje a la realidad desde la otra perspectiva. Pero, queda la disyuntiva de ver el piso, el fondo que nos limita y que debajo pueda haber algo más, ver más por debajo de lo que ya se está.

José Vicente Anaya con su propuesta infrarealista nos pone debajo de la realidad persistente, más allá del supuesto de entender la realidad como un sistema dado. Una res objetiva, que es vista desde una perspectiva cerrada, que no podría permitir al poeta la expresión del mundo. Esa cosa que es el entorno cotidiano, la vida en su apreciación y el común acuerdo de la significación de las palabras, se devela a través de la mirada del poeta. Este que da un significante que no poseía la palabra en su nacimiento.

En el plaquette Astros Fugitivos, recientemente impreso por la editorial El Principio del Caos, tenemos la oportunidad de acercarnos cautelosos a la obra reciente de José Vicente, ya unos versos de Hikuri nos recuerdan que:

lo que escribo en el aire
vale más / por eso escribo aquí /
y aún me deshago de esta poética
en trizas de holocausto
que a nadie pertenece /
yo me daré un premio literario
por lo que nunca escribo ¡palabras!
¡cinismo carcajeante! [1]

¿Y qué es la palabra?

Si hablásemos todas las lenguas existentes, pronto la babel nos llevará a la total confusión. Así, desprovistas de significado, las palabras nos llevarían a la construcción de un nuevo lenguaje; honda y profunda búsqueda para darle sentido al habla. La intención de la síntesis de las ideas y el arduo trabajo de nombrar una vez más las cosas, aportar con nuevas voces la construcción de un vocabulario propio que obligado será para estos nuevos hablantes el acuerdo común de la significación. Es aquí donde el poeta aparece y cambia la perspectiva lexicológica, la visión debajo de la realidad. Otra significación para las palabras que subyacen al valor consciente de la cotidianidad.

Fiel a sus consignas, dicta “Así, el infrarrealismo es la contingencia que lidia con los significados y cambios que nunca pueden ser previstos por el racionalismo ni siquiera con la ayuda de toneladas de equipos de precisión.”[2]  Apuntalando los preceptos de su contingencia y circunstancia.

Ya en Hikuri, la voz de José Vicente nos traslada a otra dimensión de lo real, no se especula que sea bajo los influjos d-el sagrado viejo del desierto, de su ingestión y digestión de la mescalina, que permite abrir las puertas a otras realidades. Sino a la situación que permanece en los ojos del poeta, que nos mira subyacente, desde la profundidad, desde el sustrato mismo de cada voz y de los valores que acordamos durante siglos de sus usos comunes. El sonido como tal se reproduce y cataliza los nuevos valores que el lector da a esta realidad que resurge.


Encuentro miles de espejos que se empañan y

la imagen de éste que mira está quebrada [3]


Si habláramos a través del ojo de la cerradura, la voz diluida sería la seseante manifestación, no así a través del ojo invisible de la llave. La que llena la oquedad al insertarse en ese espacio mínimo necesario para abrir puertas a otras realidades, cada una como constructo de la apertura del lector a ese mundo superior. La belleza, es en lo objetivo solo un sistema canónico. Establecido por la mayoría subordinada a estándares que un reducido grupo impulsa y difunde. Así también nos da la pauta para cuestionarnos acerca de los valores que se pre-establecen por la mirada acotada de los críticos, como de los comerciantes de la hermosura. Esto sería ver a través de la cerradura que al cabo de las cosas solo impide el paso a la apertura, que la llave logra y ve a través de sí. Hablar por el ojo de la llave, es conducir a la plenitud del sonido que se abre.

Y… ¿Qué hablar o decir, que si tal o cual es en realidad un poeta, que si el texto per se, es poesía? En Vicente Anaya, tendremos que considerar la imagen que pueda persuadir al lector de su propia significación, en varios de sus versos, por así llamarles, encontraremos puntuación que permite un valor de significado añadido, el uso de mayúsculas en toda la línea, la separación de cada letra creando espacios en la discontinuidad de la palabra e incluso figuras de tipo geométrico que nos sugiere valores. [4]


La revaloración de los signos, de las grafías y la palabra, es el resultado de esta nueva babel, que desmitifica la confusión en pro de la construcción. Seremos dispersos una vez más por la palabra, que desnuda, y sin significación exige otra realidad. El estado mental que exhala en sí mismo revestido de otras realidades:


         esquizofrénico
de cemento
               en el vacío
                 mi poema
paria
      de
         nómadas
           utópicos
                       (...)


Romper con el canon, romper con lo quebrantado ya, y volver a fisurar esta realidad. Autodefinición, re-significación de sí, revestido de poesía como túnica nueva. Así también, deja a la especulación del lector, la responsabilidad de la nueva construcción de las voces. Que cada quien revista su poema, lo re-signifique lo re-cree, y en su entendimiento acuerde consigo y con los demás el sentido que genera su visión. Pero el poema se desmiembra y desvanece. Sin embargo, allende las palabras, seguimos el encadenamiento a la lengua española, en Vicente Anaya, hay un desprendimiento arrogante al utilizar el nombre Hikuri, al igual que diversidad de vocablos raramuri en su poética, no da explicaciones y da por entendido que la confusión del lector debe ser resuelta en base a su acervo lingüístico, por ende es el valor dela secrecía de las voces autóctonas: neje rawéwari Hikuri go’íshima / piri mu oráa eyema atza. “Híkuri no es un poema rarámuri, sino el poema de un autor urbano que, tras convivir con la cultura tarahumara, regresa a la ciudad y se ve obligado a hacer una completa reinterpretación de la realidad.[5]


Nació Espontáneamente

EL POEMA

Murió  Fulminado


Cita en su manifiesto infrarrealista “Los individuos que reducen la vida a su propia simplicidad y pragmatismo no ven más allá de las paredes artificiales que ellos mismos han levantado, este es uno de los modos en que la imaginación creativa es asesinada, sin considerar que esa imaginación es otra prerrogativa de la humanidad de la persona.”[6] Condena a la ceguera, asesina de lo creado, propulsora pragmática de lo increado. Así, el poema es la llave misma, es también el ojo de la llave, que pueda desenterrar el valor nuevo de las voces. Dejando a los leyentes, la creación experimental de un mundo nuevo:

Mundo

Locura Experimental


Cada palabra expresará un contenido diverso a cada lector. Dicen los viejos refranes: cada loco con su tema, así la diversidad de interpretaciones de la palabra, del poema en sí mismo, ante la disyuntiva imaginación de cada uno. José Vicente Anaya, reinvención, que invita a ver a través del ojo de la llave.


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People talk by of the key´s eye.

Variations about of José Vicente Anaya's poetics


Although in the words of José Vicente Anaya himself, the infrarealist movement only lived three years, and that the forced dissolution had its cause in various situations of travel, change of residence and other dispersed motives of its members, their poetic has survived. That group, which brought together twenty writers not considered in an official literature, and with three written manifestos, will produce an important piece of work for Mexican literature.

I will start by considering that the language we use has part of its origin in Latin and that using the infra prefix supposes that we are below what we relate to ... Therefore, having a vision below reality evokes a position in the that simply looks up, you touch the bottom, the ground, the subsoil. From this position there is nothing left but elevation, sublimating towards height, the journey to reality from the other perspective. But, there is the dilemma of seeing the floor, the background that limits us and then there may be something else, seeing from what is already there.

José Vicente Anaya with his infrarealist proposal places us under a persistent reality, beyond the assumption of understanding reality as a given system. An objective reality, seen from a closed perspective, that could not allow the poet the expression of the world. That thing which is the everyday environment, life in its appreciation and the common agreement of the meaning of the words, is revealed through the poet's gaze. This one that gives a signifier that does not have the word in its origin.

In the plaquette “Astros Fugitivos”, recently printed by the publisher El Principio del Caos, we have the opportunity to approach the recent work of José Vicente cautiously, and some verses by “Hikuri” remind us that:

what I write in the air 
is worth more / that's why I write here /
and I still get rid of this poetics 
in pieces of holocaust 
that nobody belongs to /
I will give myself a literary prize 
so I never write. words!
Cynical laughter!

And, what is the word?
 
If we speak all the existing languages, soon the babel will lead us to total confusion. Therefore, lacking meaning, words would lead us to the construction of a new language; Hollow and deep search to give meaning to speech. The intention of the synthesis of ideas and the hard work of naming things once again, contribute with new voices to the construction of their own vocabulary, which will be linked with these new speakers, to a common agreement of meaning. This is where the poet appears and changes the lexicological perspective, the vision below reality. Another meaning for the words that underlie the conscious value of everyday life.

True to his slogans, he dictates "Therefore, infrarealism is the contingency that deals with the meanings and changes that rationalism can never foresee, even with the help of tons of precision equipment." Pointing out the precepts of their contingency and circumstance. 

Already in Hikuri, the voice of José Vicente moves us to another dimension of the real, it is not speculated that it is under the influence of the sacred old man of the desert, of his ingestion and digestion of the mescaline, which allows to open the doors to other realities. But to the situation that remains in the eyes of the poet, who looks at us as underlying, from the depth, from the very substratum of each voice and from the values ​​that we accord over centuries of their common uses. The sound as such is reproduced and catalyses the new values ​​that the reader gives to this reality that reappears.

I find thousands of mirrors that fog up and
the image of this one that looks is broken

If we spoke through the keyhole, the diluted voice would be the seseante manifestation, not through the invisible eye of the key. The one that fills the gap by inserting oneself in that minimum space necessary to open doors to other realities, each one as a construction of the reader's openness to that higher world. Beauty, in the objective, is only a canonical system. Established by the majority subordinated to the norms that a small group promotes and disseminates. This also gives us the guidelines to question ourselves about the values ​​that are pre-established by the limited gaze of the critics, as well as by the merchants of beauty. This would be to see through the lock that at the end of things only prevents the passage to the opening, which the key achieves and sees through itself. To speak through the eye of the key is to lead to the fullness of the sound that opens.

And ... What to speak or say, that if such or such a poet is really, that if the text per se, is poetry? In Vicente Anaya, we will have to consider the image that can persuade the reader of its own meaning, in several of his verses, so to call them, we will find punctuation that allows a value of added meaning, the use of capitals in the whole line, the separation of each letter creating spaces in the discontinuity of the word and even geometric figures that suggest values.

The revaluation of signs, graphics and words, the result of this new babel, which demystifies confusion in favor of construction. We will be dispersed once more by the bare word that without meaning requires another reality. The mental state that exhales in itself covered with other realities:

schizophrenic
of cement
               on the void
                 my poem
pariah
      from
         nomads
           utopian

Break with the canon, break with the already broken, and re-crack this reality. Self-definition, re-signification of oneself, covered with poetry as a new tunic. Also, it leaves to the speculation of the reader, the responsibility of the new construction of the voices. Let each one review his poem, re-signify what he re-believes, and in his understanding agree with him and with others the meaning that his vision generates. But the poem is dismembered and vanishes. However, beyond the words, we follow the link to the Spanish language, in Vicente Anaya, there is an arrogant detachment when using the name Hikuri, as well as a diversity of raramuri words in his poetics, he does not give explanations and he assumes that the confusion The reader must be resolved on the basis of their linguistic heritage, hence the value of the secrecy of the native voices: neje rawéwari Hikuri go'íshima / piri mu oráa eyema atza. "Híkuri is not a rarámuri poem, but the poem of an urban author who, after living with the Tarahumara culture, returns to the city and is forced to make a complete reinterpretation of reality."

It was born spontaneously
 
THE POEM
 
fulminated died..


Quote in his infrarrealist manifesto "Individuals who reduce life to their own simplicity and pragmatism do not see beyond the artificial walls that they themselves have erected, this is one of the ways in which the creative imagination is murdered, without considering that imagination is another prerogative of the humanity of the person. " It condemns blindness, murders the created, pragmatic propeller of the uncreated. Thus, the poem is the key itself, it is also the eye of the key, which can unearth the new value of the voices. Leaving to the readers, the experimental creation of a new world: 

World
Experimental madness. 

Each word will express a different content to each reader. The old sayings say: every fool with his subject. Thus the diversity of interpretations of the word, of the poem in itself, before the disjunctive imagination of each one. José Vicente Anaya, reinvention, inviting to see through the eye of the key.






[1] Anaya, José Vicente, Hikuri, (1978) 1ª edición, La Centena, Poesía, VerdeHalago, CONACULTA, 2004, pág. 74
[2] Anaya, José Vicente, Manifiesto Infrarrealista, 1975 http://circulodepoesia.com/2013/08/jose-vicente-anaya-manifiesto-infrarrealista-de-1975/, Consultado 25 de febrero de 2018.
[3] Anaya, José Vicente, Hikuri, (1978) 1ª edición, La Centena, Poesía, VerdeHalago, CONACULTA, 2004, pág. 25
[4] Anaya, José Vicente, Hikuri, (1978) 1ª edición, La Centena, Poesía, VerdeHalago, CONACULTA, 2004, pág. 30
[5] Ramírez Bello, Eduardo Alejandro, De la obra literaria como documento etnográfico. En  A propósito de Híkuri de José Vicente Anaya. En Caminatas nocturnas. Híkuri ante la crítica Edición, selección y palabras preliminares José Reyes P. 234
[6] Op. Cit. “Manifiesto Infrarrealista”

miércoles, 26 de julio de 2017

Variaciones acerca de Aura, de Carlos Fuentes

Es verano, un viento húmedo se desliza en el ambiente, las hojas de algunos árboles caen mientras otras son arrastradas por el viento. He dejado casi todos mis libros en León y llego a Guadalajara con muy pocos, las exigencias de la Escuela Normal acuden con lo desdeñado. El maestro Portillo me pide que lea Cumpleaños, uno de esos que olvidé. Voy a la librería más cercana y salta de inmediato un ejemplar del El Mal del Tiempo, Volumen I, que compendia tres obras: Aura, Cumpleaños y Una familia lejana.[1] Abro las páginas del libro mientras espero mi camión. La noche cae. Leo Aura de Carlos Fuentes y el manejo de los personajes atrapa de inmediato al lector pasivo que soy detrás del libro. Lees ese anuncio: una oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más.[2] Leo y releo Aura. Parece que la obra está destinada a atraparme.
Deslizo la mirada cautelosamente en la página dieciséis y una frase en francés me marca el alto. Mi francés de los lunes no funciona, jamás ha funcionado, ni en martes.
Avez vous fait des études?
Misteriosamente el eco de aquella frase es comprendido por los siglos que habitan dentro del inconsciente universal.
—Soy maestro de español, estudio en la Normal Superior…— respondo. La poca luminosidad me permite ver las facciones de aquella mujer. Un rayo que atraviesa el zaguán lleno de macetas me deja ver los sorprendentes ojos verdes de la anciana. Los cuales se tornan translucidos, perdidos en eras antiguas, solo la negra pupila es un referente en el presente, una duda alberga a mi corazón, ¿cómo serían en su juventud? Ella esboza una sonrisa, responde —Ah, oui, ça me fait plaisir, toujours, toujours, d´entendre... oui... vous savez... on était tellement habitué... et aprés…[3] El sonido, la gutural pronunciación, me fascina; no entiendo nada. Me place escucharla, como una vieja costumbre. Yo lo entiendo, es como algo que viene de otra época. Otra vez mi animalia universal me trae el sustrato lingüístico. Al animal que fáticamente logra la comunicación. La mirada, esencia de otrora interlocutora, es un soto cristalino, floto en el remanso sin agitar las aguas.
“Ofertas de esa naturaleza no se presentan todos los días.” El pago que ofrece la anciana por la traducción de unos viejos papeles de su esposo, es bueno, cuatro mil pesos en plata ley 0.720, tan solo por arreglar unos papeles añejos. Hoy el tipo de cambio está a 45 pesos la onza, y cada peso se aproxima a los 28 gramos. Tal vez en el Banco Nacional me los paguen a 40 y haría una extraordinaria fortuna. La historia no me importa, lo que a ella, la anciana, le es imperante, es que siga el estilo de un general del siglo XIX, ahora en pleno fin del siglo XX, con las nuevas tecnologías, eso es fácil de lograr. Hay una condición: me obliga a vivir en esta casa, parecida a las que he visto en viejas fotografías de la ciudad de México, si deseo ese pago. Tengo mis temores, pues en la Normal no debo faltar a clase. Las materias son importantes, Literatura mexicana contemporánea, es de la más complicadas. En ese instante ella llama a Aura. Algo me es incomodo, esa costumbre de hablar en francés.
El maestro Portillo me advierte que la lectura de Cumpleaños puede acarrearme alguna divergencia narrativa, no veo porque, aún no leo esa parte del libro. La luz, a pleno, inunda el aula de mi escuela, se acerca la hora de la clase y sigo sin leer  ni una página.
Puedo decir que la majestuosidad de la entrada de Aura en la narrativa del libro me hace imaginar inmerso en la penumbra del teatro, casi en total oscuridad, recibo una estridente explosión de colorido, todo se torna de un verde esmeralda. Aunque ella está allí, antes no estaba. Aura es joven, lozana, también con unos ojazos verdes maravillosos. No sé porqué imagino un teatro y no la secuencia de un filme. 
Ella ha dicho que Aura regresaría. ¿De dónde? ¡A mí que me importa! 
Es imponente, parece mayor a los veinte, pero es evidente que aún es una adolescente, tal vez dieciséis, detrás del verdor del ropaje intuyo una blancura lechosa de luna. La manera de ver, similar a la de la anciana acusan un parentesco.
—Es el señor Martínez, se quedará a vivir con nosotras— Quedo extasiado. La baba puede resbalar por la comisura de mis labios. Veo otra vez sus ojos verdes, cualquiera puede perder la cabeza por ellos. Respondo mecánicamente:
—Sí. Viviré con ustedes.
Se supone que ya no fumo. No dejé el cigarro por desidia. Rigoberto me pasa la cajetilla y todos en la cafetería almuerzan. Enciendo otro tafo. El humo se enreda en mis ojos y veo el reloj. Dos al hilo, vueltos humo azuloso. No he tocado mi lonche. El estomago dicta sentencias que la cabeza olvida, la sangre se agolpa y consume el hambre. Y pienso qué haré ahora atrapado en esta habitación. Subí las escaleras siguiendo a la muchacha. Apenas sus pasos tocan el suelo. Levitación, así se siente cuando te embelesas. En una ocasión vi una silueta deambulando por el Parque Hidalgo a las nueve de la noche, desde la ventana de mi coche la veo pasar. La frondosa cabellera, y la piel traslucida, aparición nocturna.
—Lo esperamos para cenar dentro de una hora— dijo y ya casi ha transcurrido. 
Repites el nombre de aquella visión: ¡Aura!, ¡Aura!, ¡Aura…! Si lo dices tres veces puede que aparezca. Y ella te espera detrás de la puerta de madera con cristales tallados a mano e incrustados como vitrales en la vieja puerta de la cocina. En la casa a oscuras, lleva un candelabro en la mano y recuerdas que la casa es antigua, sin luz eléctrica, o lo supones. Los maullidos de los gatos distraen tu atención y ella dice que en la casa hay ratones. Así que la sigo. Entro al comedor y ella sirve riñones guisados, me agrada. Ese olor repica en la lengua sabores de otras latitudes. En la copa, el vino rojo se desliza en la pared de cristal; llega a mi boca, exquisito. Como beber la propia sangre de la vid. La presencia de La joven alborota mis hormonas. Pregunto por su tía, la expresión de su rostro no responde nada, dice que me espera. Aunque es la primera o segunda vez, que la veo, Aura tiene ese aire de a quien ya has visto alguna vez. “Déjà  vu”, expreso.
Su sola presencia me incita a seguir leyendo. Ahora estoy en la habitación de la señora Consuelo que me entrega una atado de papeles amarillentos, atados por supuesto con un cordón amarillo. Aquella atadura corroída, parece mordida por dientes de ratón. Le advierto que hay ratones en la casa y necesita a los gatos. Ella se sorprende y me dice que cuáles gatos, no entro en discusión con la anciana, mejor me voy a mi cuarto. Llevo varios días perdido entre las líneas del libro. Entre las conversaciones con Aura y la traducción de aquellos papeles en francés, aun no sé cómo le hago para descifrar la clave. Pues de francés no sé nada. Y supongo que algo ha de significar. Tal vez en el futuro inventen algún aparto o máquina que traduzca de forma simultánea. Lo más tedioso es escribir en mi Olivetti, que cargo a todas partes. El repiqueteo de sus blanquecinas teclas molesta a doña Consuelo y Aura en sus breves apariciones, no me dirige la palabra. Algo dentro me dice que aquí las cosas no van bien. Si hubiera luz eléctrica. En el jardín detrás de la casa hay una arboleda que se antoja placentera, le pido a la señora que me dé la llave para entrar, pues considero que allí estaré más a gusto, — ¿cuál jardín?—, me responde, —sabes que lo perdimos— Esta señora es extraña, habita entre animales y no se da cuenta, pero sabe del conejo blanco con esos rojos ojos intensos. Al cual acaricia metódicamente. La otra noche me despertó el ruido de varios gatos en celo sobre el tejado de mi cuarto. Orgiástico.
El maestro Portillo, me exige que para mañana le entregue el reporte de lectura de Cumpleaños, debo desvelarme esta noche o no tendré tiempo de terminarlo. Leo aferrado algunas de sus páginas y misteriosamente caigo otra vez en la página veintinueve. Estoy envuelto en un mareo incomprensible, y la señora consuelo está frente a mí con esa túnica  azul. Acaricia otra vez al conejo, y me aclara que su nombre es Saga, Sabia. Creí que era conejo, no se distinguir todavía. En la soledad la tentación siempre es mayor. Un gélido vientecillo me arrastra, y un perfume muy fino me adormece. La mujer dentro de la túnica azul se torna firme, pareciera más joven. Pero no sé que pueda tentarme a esta magra carne, casi en la penumbra aparece la imagen de Aura y la veo limpia, elle avait quinze ans lorsque je l’ai conmue et, si j’ose le dire, ce sont ses yeux vert qui ont fait ma perdition, un golpe del tiempo me lleva a Consuelo en sus quince años. Me ata a sus ojos verdes, cuando el General se la llevó a vivir a París en 1867, ma jeune poupée aux yeux verts; je t’ai comblée d’amor, mi muñequita de ojos verdes, que me hace temblar de amor. Siempre extraña Consuelo. Como aquel día en que la encontró martirizando a un gato entre sus piernas y sin comprenderla, pues le pareció estúpido, J’ai même supporté ta baine des chats, moi qu’ aimais tellement les jolies bêtes…  creyó que lo hacía infantilmente por capricho, tu faisais ça d'une façon si innocent, par pur enfantillage, y verla con las piernas descubiertas era excitante. Un deseo carnal a mordisquear aquellos muslos jóvenes, tersos, que triunfan en el pubis, enmarañado. Y de noche introducirse en el vértigo de su vagina.
Rigoberto, se comió mi lonche de lomo. Otro cigarro y la máquina Olivetti, cacarea su canto de teclas blanquecinas. Dice que en la sala de medios nos pueden prestar una computadora, pero para qué, prefiero hacerlo a la antigüita. “Te advierto que antes de las doce tendrás que haber terminado el ensayo”, dice y se aleja mientras el papel amarillo me perturba, estos folios que me diera Consuelo, me arrebatan el sueño. La escritura añeja en francés es muy parecida a mi cursiva, pero en español.
Hiperbólica, pasión hiperbólica, corro a la biblioteca y consulto esta palabra que exagera lo cotidiano. Así la amó aquella noche. Parce que tu m’avais dit que torturer les chats êtait ta maniére a toi de rendre notre amour, favorable, par un sacrifice symbolique… Consuelo que ahora tiene más de cien años. (Hago la suma: cumplirá ciento cuarenta y dos) La carne seca pegada a los huesos. Un amor que exige sacrificios, como el de aquel gato, entre las piernas, de la tarde anterior. Un sacrificio simbólico a cambio de nuestro amor. Cuando murió su esposo tenía cuarenta y nueve. Tu sais si bien t’babiller, ma douce Consuelo, toujours drapeé dans des velours verts, verts comme les yeux. Je pensé que tu seras toujours belle, même dans cent ans… con un vestido verde. Sabía ella que el sacrificio del amor la haría inmortal, y envuelta en aquel vestido de terciopelo, conservándose bella por siempre. Los brebajes que toma, la herbolaría de las macetas de zaguán, los gatos en las noches lujuriosas y aquella coneja blanca, el día que le dijo a Felipe: si, si, la he encarnado, puedo darle vida con mi vida, convocando a la juventud pidiendo que llegara a ella, Felipe expresa que el demonio también fue un ángel. Ve angustiado a Consuelo entre la vida y la locura. Ahora los folios corren peligro. Las hojas se desvanecen entre mis manos, casi no puedo tocarlas, al mínimo roce del viento se transforman en polvo.
Encerrado en mi cuarto caigo en un extraño sopor. Veo a Consuelo caminar por la casa, realizar macabros ritos y cuestiono cómo he llegado aquí. Esta no es la novela que me pidieron leer, pero al abrir el libro fui atrapado sin proponérmelo. Pienso que la vieja está loca. No puedo cobrar esa fortuna, es mejor que me vaya, que descienda por la escalera de caracol al zaguán y recorra esa pasadizo de macetas vetustas. Veo a la luz del día el rostro ajado de Consuelo, las encías ensangrentadas. Igual que Felipe pienso que está loca, Tu es si fière da ta  beaute; que me ferais- tu pas pour rester toujours jeune? ¿Estaría tan orgullosa de su belleza que deseó ser así eternamente? Añorando la juventud. Y es la razón por la que en esta casa vive Aura. Para perpetuar el deseo de Consuelo. Trato de llegar a la calle y en la cocina veo el vestido verde, Aura prepara la cena, veo sus manos elevadas al cielo y de una de ellas, el cuerpo de un cabrito pende, con un filoso hierro de carnicero, Aura rasga a lo largo en canal el flácido péndulo de carne, siento escalofríos, y ella me convida a regresar a mi habitación, regreso temeroso mis pasos y el perfume de Aura, fresco, me lleva de retorno.
Aura entra en tu habitación. Segura, firme cual sus piernas de luna, no te ve. Una línea de luz se filtra levemente hacia la habitación. Te escabulles lento, corres a oscuras por el pasillo e intentar huir. Una risa poderosa viene del cuarto de Consuelo que sentada en medio de la cama, acaricia su sexo y sonríe, con un ademán te llama. Vas acercándote con temor. La coneja de ojos rojos ya no está en la cama. Consuelo te acaricia con suavidad, no distingues sus manos ásperas, de forma increíble son tersas, sus labios descarnados besan tu pecho y te estremeces con ardor. Un fuego te consume pero el frío del lugar te congela la sangre, que entumece tu miembro. En una danza confundes el cuerpo desvalido de Consuelo con la carne firme y deliciosa de Aura.
Recorro ansioso la espalda blanca de Aura, deslizo todas las prendas con ternura, beso sus labios carnosos y simulo arrancarlos con pequeños mordiscos, ella mueve sus manos en todas direcciones de tu piel, estremecida, apresurada... recuerdas un eco lejano, una voz que no sabes desde donde viene: Te dije Felipe, que podía hacerla regresar. Quieres soltarla pero no puedes. Sigues recorriendo aquella carne jugosa, y al cabo de un rato, la penetras. Tu espada acerada rasga aquel impoluto sagrario. Y abres los ojos, tumbado en la cama sudoroso, ellas se han ido.
Tratas de reanudar la lectura de aquellos papeles amarillentos. Se han vuelto un fino polvo, sabes que tu liberación depende de la traducción del texto francés. Aquí hay un párrafo no terminado, unas fotos caen al suelo…
La maquinita Olivetti repica con sus blanquecinas teclas: sorda campana. A punto estoy de terminar. Recojo las hojas en blanco y entre ellas descubro las viejas fotografías, son las que estaban atadas al fajo de fojas amarillentas que me diera Consuelo, tal vez al tratar de huir me las traje sin notarlo. Observo una fotografía más, la que ha caído al piso boca abajo. Un letrero detrás llama poderosamente la atención, en una fina caligrafía cursiva un mensaje en francés: Fait pour notre dixiême anniversaire de marriage. Un escalofrío eriza los cabellos de la nuca. La letra es idéntica a la mía. Volteo temeroso el papel viejo y rugoso, abrazado a Consuelo, vestido con un viejo uniforme de la guerra de intervención, estoy tomado de su mano.


[1] Fuentes Carlos, El mal del tiempo, Volumen I, Aura, Cumpleaños, Una familia Lejana,Alfaguara, México 1994. 296 pp.
[2] Op. Cit. P. 13
[3] Op. Cit. P 16