domingo, 6 de mayo de 2018

La gente habla por el ojo de la llave. Variaciones acerca de la poética de José Vicente Anaya



Aunque en palabras del mismo José Vicente Anaya, el movimiento infrarealista solo vivió tres años, y que la disolución obligada tuvo causa en diversas situaciones de viajes, cambio de residencia y otros motivos dispersos de sus miembros, su poética ha sobrevivido. Aquel  grupo que reunió a veinte escritores no considerados en una literatura oficialista, y con tres manifiestos acuñados, producirá para la literatura mexicana una obra de sobra importante.

Partiré en la consideración de que la lengua que usamos tiene parte de su origen en el latín y que usar el prefijo infra, supone que aquello a lo cual nos relacionamos está por debajo de… Así, tener una visión por debajo de la realidad evoca una postura en la cual solo se ve hacia arriba, se toca el fondo, el poso, lo subterráneo. A partir de esta postura no queda más que la elevación, sublimarse hacia la altura, el viaje a la realidad desde la otra perspectiva. Pero, queda la disyuntiva de ver el piso, el fondo que nos limita y que debajo pueda haber algo más, ver más por debajo de lo que ya se está.

José Vicente Anaya con su propuesta infrarealista nos pone debajo de la realidad persistente, más allá del supuesto de entender la realidad como un sistema dado. Una res objetiva, que es vista desde una perspectiva cerrada, que no podría permitir al poeta la expresión del mundo. Esa cosa que es el entorno cotidiano, la vida en su apreciación y el común acuerdo de la significación de las palabras, se devela a través de la mirada del poeta. Este que da un significante que no poseía la palabra en su nacimiento.

En el plaquette Astros Fugitivos, recientemente impreso por la editorial El Principio del Caos, tenemos la oportunidad de acercarnos cautelosos a la obra reciente de José Vicente, ya unos versos de Hikuri nos recuerdan que:

lo que escribo en el aire
vale más / por eso escribo aquí /
y aún me deshago de esta poética
en trizas de holocausto
que a nadie pertenece /
yo me daré un premio literario
por lo que nunca escribo ¡palabras!
¡cinismo carcajeante! [1]

¿Y qué es la palabra?

Si hablásemos todas las lenguas existentes, pronto la babel nos llevará a la total confusión. Así, desprovistas de significado, las palabras nos llevarían a la construcción de un nuevo lenguaje; onda y profunda búsqueda para darle sentido al habla. La intención de la síntesis de las ideas y el arduo trabajo de nombrar una vez más las cosas, aportar con nuevas voces la construcción de un vocabulario propio que obligado será para estos nuevos hablantes el acuerdo común de la significación. Es aquí donde el poeta aparece y cambia la perspectiva lexicológica, la visión debajo de la realidad. Otra significación para las palabras que subyacen al valor consciente de la cotidianidad.

Fiel a sus consignas, dicta “Así, el infrarrealismo es la contingencia que lidia con los significados y cambios que nunca pueden ser previstos por el racionalismo ni siquiera con la ayuda de toneladas de equipos de precisión.”[2]  Apuntalando los preceptos de su contingencia y circunstancia.

Ya en Hikuri, la voz de José Vicente nos traslada a otra dimensión de lo real, no se especula que sea bajo los influjos d-el sagrado viejo del desierto, de su ingestión y digestión de la mescalina, que permite abrir las puertas a otras realidades. Sino a la situación que permanece en los ojos del poeta, que nos mira subyacente, desde la profundidad, desde el sustrato mismo de cada voz y de los valores que acordamos durante siglos de sus usos comunes. El sonido como tal se reproduce y cataliza los nuevos valores que el lector da a esta realidad que resurge.


Encuentro miles de espejos que se empañan y

la imagen de éste que mira está quebrada [3]


Si habláramos a través del ojo de la cerradura, la voz diluida sería la seseante manifestación, no así a través del ojo invisible de la llave. La que llena la oquedad al insertarse en ese espacio mínimo necesario para abrir puertas a otras realidades, cada una como constructo de la apertura del lector a ese mundo superior. La belleza, es en lo objetivo solo un sistema canónico. Establecido por la mayoría subordinada a estándares que un reducido grupo impulsa y difunde. Así también nos da la pauta para cuestionarnos acerca de los valores que se pre-establecen por la mirada acotada de los críticos, como de los comerciantes de la hermosura. Esto sería ver a través de la cerradura que al cabo de las cosas solo impide el paso a la apertura, que la llave logra y ve a través de sí. Hablar por el ojo de la llave, es conducir a la plenitud del sonido que se abre.

Y… ¿Qué hablar o decir, que si tal o cual es en realidad un poeta, que si el texto per se, es poesía? En Vicente Anaya, tendremos que considerar la imagen que pueda persuadir al lector de su propia significación, en varios de sus versos, por así llamarles, encontraremos puntuación que permite un valor de significado añadido, el uso de mayúsculas en toda la línea, la separación de cada letra creando espacios en la discontinuidad de la palabra e incluso figuras de tipo geométrico que nos sugiere valores. [4]


La revaloración de los signos, de las grafías y la palabra, es el resultado de esta nueva babel, que desmitifica la confusión en pro de la construcción. Seremos dispersos una vez más por la palabra, que desnuda, y sin significación exige otra realidad. El estado mental que exhala en sí mismo revestido de otras realidades:


         esquizofrénico
de cemento
               en el vacío
                 mi poema
paria
      de
         nómadas
           utópicos
                       (...)


Romper con el canon, romper con lo quebrantado ya, y volver a fisurar esta realidad. Autodefinición, re-significación de sí, revestido de poesía como túnica nueva. Así también, deja a la especulación del lector, la responsabilidad de la nueva construcción de las voces. Que cada quien revista su poema, lo re-signifique lo re-cree, y en su entendimiento acuerde consigo y con los demás el sentido que genera su visión. Pero el poema se desmiembra y desvanece. Sin embargo, allende las palabras, seguimos el encadenamiento a la lengua española, en Vicente Anaya, hay un desprendimiento arrogante al utilizar el nombre Hikuri, al igual que diversidad de vocablos raramuri en su poética, no da explicaciones y da por entendido que la confusión del lector debe ser resuelta en base a su acervo lingüístico, por ende es el valor dela secrecía de las voces autóctonas: neje rawéwari Hikuri go’íshima / piri mu oráa eyema atza. “Híkuri no es un poema rarámuri, sino el poema de un autor urbano que, tras convivir con la cultura tarahumara, regresa a la ciudad y se ve obligado a hacer una completa reinterpretación de la realidad.[5]


Nació Espontáneamente

EL POEMA

Murió  Fulminado


Cita en su manifiesto infrarrealista “Los individuos que reducen la vida a su propia simplicidad y pragmatismo no ven más allá de las paredes artificiales que ellos mismos han levantado, este es uno de los modos en que la imaginación creativa es asesinada, sin considerar que esa imaginación es otra prerrogativa de la humanidad de la persona.”[6] Condena a la ceguera, asesina de lo creado, propulsora pragmática de lo increado. Así, el poema es la llave misma, es también el ojo de la llave, que pueda desenterrar el valor nuevo de las voces. Dejando a los leyentes, la creación experimental de un mundo nuevo:

Mundo

Locura Experimental


Cada palabra expresará un contenido diverso a cada lector. Dicen los viejos refranes: cada loco con su tema, así la diversidad de interpretaciones de la palabra, del poema en sí mismo, ante la disyuntiva imaginación de cada uno. José Vicente Anaya, reinvención, que invita a ver a través del ojo de la llave.



[1] Anaya, José Vicente, Hikuri, (1978) 1ª edición, La Centena, Poesía, VerdeHalago, CONACULTA, 2004, pág. 74
[2] Anaya, José Vicente, Manifiesto Infrarrealista, 1975 http://circulodepoesia.com/2013/08/jose-vicente-anaya-manifiesto-infrarrealista-de-1975/, Consultado 25 de febrero de 2018.
[3] Anaya, José Vicente, Hikuri, (1978) 1ª edición, La Centena, Poesía, VerdeHalago, CONACULTA, 2004, pág. 25
[4] Anaya, José Vicente, Hikuri, (1978) 1ª edición, La Centena, Poesía, VerdeHalago, CONACULTA, 2004, pág. 30
[5] Ramírez Bello, Eduardo Alejandro, De la obra literaria como documento etnográfico. En  A propósito de Híkuri de José Vicente Anaya. En Caminatas nocturnas. Híkuri ante la crítica Edición, selección y palabras preliminares José Reyes P. 234
[6] Op. Cit. “Manifiesto Infrarrealista”

No hay comentarios:

Publicar un comentario