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viernes, 18 de abril de 2014

MATINAL

Subyugada por el vértigo,
desciende
       la
           hora
 con
    la
      noche:
albacea de tu boca,
crepitar del alba.

Caigo en
V
 I
E
N
T
O

 de arreboles.

Un rizo de tu pelo enhebra la mañana,
cuando la luz se recrea en tus pupilas.

Duermo en la marisma  creada por tu vientre
en una hendidura abismal,
cobijo de luna,
arrullo nocturnal.

De tus penígeros labios
Libo elixires por ensueños,
pórtico a la dulzura embriagante de tus ósculos.

Mientras,
  el alba decanta flores
y
mascullo la lengua de las aves.

martes, 7 de mayo de 2013

El peregrino

José Julián Gámez,Hernández, fragmento de la obra: Porque hay marcas que son solamente mías
o mi lado izquierdo donde anidas, técnica Óleo sobre tela, 2011.


Deambular, recrear caminos desconocidos con la vista ávida, la pupila retráctil al juego de la luz. Los mismos senderos que la mano crea. Levantar el agua que acumula la cotidianeidad. Así con poco equipaje y paso a golpe de ola, en pausas admirativas, va el peregrino. Juan Carlos Recinos, poeta, hace el recorrido místico, ritual, por la vía de las palabras; y con ellas brota de lo imaginario lo que el entorno ofrece. Nacido en la selva alta, acarrea con el vórtice viajero un cúmulo de ruidos y voces que huelen a mar, a río, la frontera acuosa entre los estados de Chiapas y Tabasco.

Vivo cerca del mar, con el rostro seco
y los ojos distantes. Vengo del agua,
canto sobre tu cuerpo mineral. [1]

Se vale de la poesía para explicar lo incomprensible e ignoto del trayecto que recorre, su nostalgia, el abandono y los mares descubiertos. Lleva a cuestas el peso mayor del amor y reclama con silbidos de ave en celo, gorjeos, la presencia de la amada:

Me pierdo en el abismo de tus ojos,
negrura del océano.
Pájaros de otro tiempo
convierten sus vestidos en raíces,
raíces de tu pelo.
Tus brazos, náufragos,
huyen del sol.

[…]

Tus pechos –dos frutos tan maduros–
acopian la luz que acumulan distancias infinitas. [2]

En tal arrebato canta con las aves, modifica sus manos en alas, viaja súbito grandes distancias con un clamor, estentóreo:

Mis manos te recorren a distancia.
Pájaros de agua te borran
y parvadas de peces te navegan.

Cauce imaginario.
El río es invención,
vino que se derrama
en los bordes de arena de tu piel. [3]

Y atrae el anhelo, inventa la forma de acariciar lo distante:

Frente a mi tus senos, musa enferma,
en otoño. Se retuerce tu cuerpo reptil,
en la líneas desnudas de mi piel. [4]

Salobre, húmedo, el mar se vuelca en tinta:

En el viaje de la ola y de la piedra,
la rosa de los vientos se abrió
sobre el racimo de tus pechos. [5]

Náufrago, se pierde en lo insondable marítimo, la oquedad, la turbulencia amorosa:

Con el débil otoño, en rincones húmedos,
mi corazón de sombras navega en olas muertas. [6]

Declara el amor, la propiedad, la invención:

Te amo desde que tu cuerpo de peces
extingue al sol y al silencio,
y el corazón desgrana  palabras de sauce
en tu mano desnuda. [7]

Existes porque te nombro y mi respiración
gotea en tu piel. [8]

Esta noche tu nombre recorre el mundo,
cuenta la historia de tu mirada, gaviota que se
entrega al vuelo. [9]

Y entonces, se crean los caminos en espuma marina, emerge, remembranza de arena agolpan los recuerdos y el tiempo se detiene:

Tu respiración late entre mis venas:
sonidos y sentidos vagan de isla a isla,
del ciego oscurecer.

Mis ojos, vacíos de sol y luna,
de inviernos y veranos, sobreviven
a tu insondable mar. [10]

El poeta suspende su andar, cierra con la pérdida del tiempo la dilución del espacio, su voz de pájaro se pierde en la espesura de la selva  a la orilla marítima. Cesa su canto, distante otra marisma reclama su presencia, otros senderos se abren.

León de los Aldama, Gto., 7 de mayo del 2013



[1] Recinos, Juan Carlos, Cantos Peregrinos, Ediciones Jaguar, 3ª ed. México, 2012, pp.56, Vivo cerca del mar, pág. 41
[2] Ibídem, “Cementerios”, pág. 15
[3] ibídem, Transparencias, pág. 16.
[4] Ibídem, Líneas desnudas, pág. 20.
[5] Ibídem, Silencio que concentra, pág. 23.
[6] Ibídem, Olas muertas, pág. 26
[7] Ibídem, Manos, pág. 30
[8] Ibídem, Al poniente, pág. 31
[9] Ibídem, Esta noche recorre el mundo, pág. 48
[10] Ibídem, Sonidos, pág. 34

lunes, 29 de abril de 2013

LAS HORACIONES DE BENJAMÍN VALDIVIA


La primera de forros ostenta el nombre del libro HORACIONES, a primer impresión y la risa pícara de Benjamín Valdivia, sigilosa, aduce “tiene una errata”. Sin conocimiento de causa digo:
—Es un juego sintáctico o tal vez fonético, o quizá retórico. No le borro la mueca del rostro.
—No, —dice —retomé los poemas de Horacio, y pienso como hubiere escrito en nuestro tiempo, así que la primera línea de cada poema es la traducción del latín y el verso del poema latino a manera de título. Caí en la trampa, es una resignificación de la obra.

Revolcarse en la tumba de alegría e incertidumbre, de penares o certezas. Horacio, el poeta latino de la antigüedad, puede elegir entre la sacudida poderosa del tremor terráqueo o la levedad insospechada de la verdad, (verdad a medias) de aquellos que con atrevimiento son leyentes de la versificación  poética horaciana, y la relamen en la dialectal lengua románica.

Si consideramos atrevido releer un texto tan antiguo en latín, más abyecto pareciere retomarlo y vivificarlo en la lengua mexicana del siglo veintiuno. Pero no lo es de tal juicio, bien puede ser que Benjamín Valdivia sea un sincretizador, o pleno de locura horaciana, se colma en el atrevimiento.

Sito. (con ese) Página 24, donde bañado de luz, el libro alumbra:

Laetus in praesens animus

Regocíjese el ánima al presente
y lo demás olvídelo

[…]

aquí la luz es demencial de tan clara
y la noche, si llega, igual la gustaremos.

Soy inmerso, adherido al papel en pleno. Mi cuerpo plano aunado a la letra, impreso en tinta. Desde el horizonte del poema 14, veo al lector como antes viese la hoja al poeta, llegará la oscuridad si el libro se cierra y se colma de ausencias entre las páginas opuestas, agora unidas, ciernen la noche; e inmediato maldice:

et malignum spernere vulgus,

para el vulgo maligno mi desprecio,
mi sangre venenosa y todas las palabras frías.

[…]

También a los poetas blandos, cómodos, los que
al vulgo hablan y, salpicante, el aplauso esperan suyo.

Yo la luz toda terrible, el abismo del fulgor, tantos amores,
lo alto, ala negada al cieno, lo que no alcanzan: todo.

                Y el retorno al silencio que nos ocupa, pues la lectura del silente, remembra solo el pasado que oculta la memoria. Habrá que designar los nuevos nombres para lo ya creado, y renombrar como recrear.

Dicam insigne, recens, adhuc indictum ore alio

Decir lo alto, lo nuevo, aquello no dicho por voz alguna
y entregarlo a este mundo de sordos que suman sombra.

Sonido celeste abatido en las piedras que nadie conoce
Pero puesto a asolear en la peña cual una zalea de tigre.

[…]

Son nombres propios de cosas ausentes, de inéditos mundos.
Oficio es éste de traerlos vivos, fosforecer la luz de nuestros huesos.

Y después de la insolencia, las retóricas preguntas: ¿de qué materia o espíritu estamos hechos?, ¿acaso el poeta no se forja en el vientre de la madre sino se siembra en la tierra con la palabra-semen de otro poeta desde antaño? Así hereda demenciales horaciones imbricas. Un segundo plano, otra piel zurcida a otra nueva colmada de voces anquilosadas por los siglos.

Y llega a la orilla de cada letra impregnada de tintas, situado a las vírgulas, adherido a los signos de los tiempos.

Pulvis et umbra sumus

Somos de sombra y polvo:
lápidas vivas.

Somos de tiempo y sombra,
de cosas inasibles.

Y entonces ¿de qué no materia fuimos forjados? Valdivia navega por los insondables laberintos del verso:

Beatus ille

Dichoso aquél
en cuya testa aduce clara,

lúcida la visión,
lumbre del cielo.

Mundo ni muerte ni riqueza
pueden sanar sagrada su enfermedad mortal.

Sonriente en su locura
canta sin un temor y a lo profundo avanza.

Así de que deshojo el libro, lanzado a la hoguera, prohibitivo, trémulo, se niega adherido a mis manos, no puedo despegarlo, cimbra el cielo y clama:

Horrida tempestas

Tormenta horrísona
nos mate nunca.

El terremoto diga
su nombre cruel en sitios más allá.

La ola enfurecida
no visite sueño.

Sólo el fuego celeste continúe
este lapso de mutua comunión.

Pierdo de vista la foja, los papiros se enredan, la legua se atora en los ojos que releen, hasta aquí soy un cautivo más y veo a lo lejos la imagen perdida del vate, si apenas recuerdo su sonrisa inicial. Tinta impregna la piel adherida, desollado, trasmutado en palabra, a la distancia escucho la voz en trueno; paradoja muda:

jungite fata

Hados gozosos
que me trajeron hasta aquí.

No esperaba el esplendor ni el canto
pero aquí estoy con la voz iluminada.

Otra vez en la cima fantástica
(y allá, muy debajo, el mundo).

Yo feliz con mi suerte; y tú. Y los demás
fosforezcan sus huesos en la sombra.

Todo está perdido... solo queda el silencio.


León de los Aldama, Gto., 29 de abril de 2013



Valdivia, Benjamín, HORACIONES, Azafrán y Cinabrio ediciones, 2011. pp. 98.

sábado, 2 de febrero de 2013

Del mar y los sueños

Comparto los poemas publicados en La Gualdra, suplemento cultural de La Jornada Zacatecas en su número 80, el 10 de diciembre de 2012.


Uno

 
Los sueños son el mar:
arrastran las arenas a las más ignotas playas,
las molidas y amasadas por la fuerza.
Arenas que llevan quimeras,
sirénidos ululares,
resoplos de vida onírica,
navíos extraviados.
Y en lo más recóndito,
junto las palmas de las manos en hueco
e impulso vientos dentro, caracola infinita.
Y el soplo que no duerme
arrastra mis lamentos
a otras tierras,
las secas,
las distantes.

 
Dos

 
Mi madre viene en los sueños
y me relame las angustias más abrumadoras.
Dice:
         - ¡mijito, reposa tranquilo!
Pero sé que estoy dormido,
atado en el mástil,
y elevada el ancla que sujetara mi navío.
Con cera en los oídos,
mis ojos ven
los desproporcionados senos
de nuestras captoras
como fuentes dulcificadas
que alimentan nuestras soledades.

 
Tres

 
Camino por el humus,
buscando el fondo del mar.
Pero no sufro ahogamiento alguno,
vivo en mis sueños.
En ellos,
deambulo por todas las ínsulas mediterráneas.
Saltarín.
De playa en playa.
Matando cíclopes para no volver a casa.

 
Cuatro

 
El cielo azul es solo un espejo
fuera del fondo del mar.
Los delfines y tritones
rompen la superficie
y vuelan en otros mares
antes de caer de nuevo en nuestra sustancia;
la que alimenta todas las fantasías
que construyen
los corales,
repiqueteos,
aleteos irradiantes
en mis pupilas de agua.

 
Cinco

 
El viaje de retorno
hacía la montaña rocosa
sigue un hilo que teje un manto.
También viene un perfume que se añeja,
y la ánfora pierde la fuerza que ata la nariz.
Pero las aguas mansas,
reclaman los surcos del rostro
que las observan.
Navegante en dos lágrimas,
regreso súbito.
Expulsado por el iris.

Seis

 
Salí de las sombras de la noche,
cueva ennegrecida por los siglos,
vomito alucinante,
atado en mis brazos el vellocino de oro,
corro hacia mi barca,
cuna,
mecedora en la que duermo.

 
Siete

 
Navegante,
avizoro en la cúpula celeste
             estrellas guías,
                              polaris,
                                        dheneb,
                                                          ursus minor…
la hamaca mece con el viento este viaje líquido.
Sujeto los brazos perdidos de Afrodita
atados a mi cuello.
Abrazo de fuego.

 

Puedes consultar el PDF de esta importante publicación de la zona centro mexicana en la siguiente dirección web:


 


jueves, 20 de septiembre de 2012

Molino de letras, el despertar de la palabra


Es enero de 2010, un conjunto de escritores agrupados por Mariela Loza Nieto, su hermano Hebert, Elena Ortiz Muñiz, entre otros destacados mexicanos y varios extranjeros, crean Molino de Letras, el despertar de la palabra, una revista virtual en la cual soy invitado a participar. El fruto de este encuentro producirá una variedad de textos narrativos y poéticos, y pronto se suman a la iniciativa autores de diversas latitudes. Mi primera colaboración es La masa y el viento, poema que había sido publicado en soporte papel en el número dos de El Canto del Ahuehuete en noviembre de 2009. Publico hoy el poema que se incluyó en el número dos, marzo de 2010; pues la página web ha caducado y su dominio no pertenece más a los autores. Con respeto y admiración para todos los participantes en Molino de Letras, el despertar de la palabra.

La mano penetra los cuerpos
y acaricia la forma del alma.
Los ojos inspeccionan
la luz que te atraviesa.

Fulgores y esplendores ahuyentan la calma.

Te enredo la lengua en los oídos
y el viento te susurra recuerdos
que brotan en tus vellos erizados
con los ánimos y el deseo.

Surges desde lo oscuro donde habitas.

Sales lenta y formidable,
desnuda en las palabras que te llaman.

Aguas insondables bañan tu cuerpo.

Tu esencia, antes invisible,
se asoma por los rubores de tu piel:
con la sangre que se agolpa,
con la sangre se desborda,
con la sangre que evaporas,
con la sangre que me ahogas,
con la sangre hasta mi boca.

Hasta mi boca que te llama
y la lengua te perturba.
Soy un ciego que se guía
en las hendiduras de tu dermis.

La mano penetra en el alma
atrapada en la masa de los cuerpos.
No entiendo nada;
pero veo en tu sustancia
la arquitectura del infinito.

domingo, 19 de agosto de 2012

Babelidad

There´s a sign on the wall
but she wants to be sure
and you know sometimes words
have two meanings.
In the tree by the brook
there´s a songbird who sings
sometimes all of our thoughts
are misgivings.

Stairway to heaven
Robert Plant


En la animalidad que anido
llego a la sima de la torre
y veo la inmensidad.

La vista se cansa y se enreda la lengua.
La lengua se agota y enmudece el alma,
el alma sin artes, sin magias.
                                                                                                                                                                                            
                                                                      Abortar el ágora.
                                                                      Sucumbo, antes que la palabra
                                                                      arremeto contra el muro.[i] 

Rivi aquarium,
flux pro nobis ora,
Ad dies mort.
When together
Crying,
per le blue black nuit
quado humus
pro vita libera animae.


Absorto aullar a la luna que intriga con su sombra la ocultación total en la noche
Y la torre enhiesta se yergue ante la pena del falo derrotado.

Ma quando vita
nostra vacía la nada.
Oculus meus,
errant.
Con fa el vent
la mia vita.

La carcajada de la torre que desploma desde el altor en la totalidad de la confusa huida.
Y la torre desflorada se debate en el polvo que se eleva imperante del paisaje negruzco.

Los glosados, sin voz articulada, se esparcen con las sombras de la noche,
y cuando la luz de la mañana se arrebola entre trinos de pájaros,
la voz de la tierra queda enmarañada dentro de la confusión.

Solo queda flotando en el viento la voz de los poetas.



[i]  Comparto está versión del poema con versos que no aparecen en la edición impresa de TRAJÍN LITERARIO, número 30, Enero de 2012, pp. 2,3. Año 3.

jueves, 19 de julio de 2012

Hechizo

Esta mañana te leo
en el sortilegio de las voces de los pájaros,
henchido por los trinos:
repiquetear de tu nombre.
Que viene de lo lejos
de una distancia abismal por la suerte de una pata de conejo,
con la herradura en el vórtice de la puerta que se abre a mundos viejos.

Leerte es
como meter entre las brazas ardientes del fuego
a un cenzontle
y después comerlo de almuerzo,
con las plumas calcinadas.
Es la forma más tácita de pronunciarte
porque la nostalgia no es mi viaje al pasado
sino la permanente angustia del mañana.

viernes, 10 de febrero de 2012

El Desvarío en su origen

En mayo 15 de 2010, en la FeNAL de León, presenté mi poemario Desvarío y otros poemas, en las páginas 9-10, incluí el poema que da origen al título.

sábado, 4 de febrero de 2012

Dos poemas de la desolación

Publicado en El Canto del Ahuehuete, literatura independiente del bajío, número 21

Dos poemas de la desolación
David Uriel Martínez Varela

Uno

Para la desolación
no hace falta el abandono
ni la cruenta despedida.

Tan solo dejar que la tierra tiemble;
porque sí,
porque tiene ganas,
ver la casa desmoronarse
y sacudidos de los árboles
se caigan los pájaros.

Tampoco falta que no me veas más.
Nací ciego y solo mis manos te recuerdan.





Dos

Para la desolación
viene el viento y devasta todo
dejando profunda herida.

Llega el temblor de septiembre:
nomás así,
transmutando  de lugar las casas,
que sorprendidas al cambiarse
se llenan de arreboles
a bocajarro.

Tampoco hace falta que me escuches más.
Las palabras ensortijadas me sueñan.